Podríamos pasar la vida en la creencia de que no tenemos hábitos o de que somos indisciplinados
pues nos encontraremos en su momento con la verdad de que las rutinas que hoy tienes están
sostenidas por hábitos, el tema puede estar en que estos hábitos no son saludables para ti. Y si
profundizamos más, puede que, si seas una persona disciplinada, pero en conductas,
pensamientos y emociones que solo te hacen daño… si tu cada vez que te sientas a ver una
película abres una cerveza y destapas una bolsa de frituras, permíteme decirte que usted instauró
un hábito a través de la disciplina que requiere dicha repetición. Si cada vez que tu hijo o un
familiar querido hace algo que pone a prueba tu paciencia y tú siempre respondes con frustración
y molestia, nos encontraremos aquí ante el establecimiento de un hábito.
Los hábitos pueden ser sanos y funcionales o dañinos y desadaptativos. Lo que determina si un
hábito será sano o no, no guarda ninguna relación con palabras como “flojera” o “apatía”, más
bien se vuelve un sinónimo de impaciencia y baja tolerancia a la frustración. Establecer un nuevo
habito saludable se basará en tu capacidad de postergar la recompensa. Es esta una habilidad
infravalorada que nos ha hecho pagar como sociedad, la consecuencia de la inmediatez. El deseo
ferviente de obtener todo, ser todo y vivir todo, ya.
Nuestro sistema mesolímbico dopaminérgico mejor conocido como sistema de recompensas es el
encargado de ayudarnos a sentir bienestar ante un estímulo. Es este sistema el que hoy tenemos
sobre estimulado. La dopamina que liberamos al ver nuestra serie favorita, al comer ese dulce
que tanto nos gusta o al quedarnos ese par de horas más en la cama, libera en nosotros un caudal
de dopamina y oxitocina que nos mantiene esclavos de un momentáneo “bienestar”.
Ustedes, quienes me leen. Es probable que se les complicara llegar hasta este último párrafo, ya
que no hay transiciones de 3 segundos, colores, aromas o texturas hiperestimulantes que los
mantengan “entretenidos” o como prefiero describirlo “dormidos”. No te asuste si en tu intento
de hacer ejercicio te encuentras a ti mismo, deteniendo la alarma para dormir un poco más o
prefiriendo ir por ese postre en vez de buscar ese alimento alto en nutrientes pero bajo en
“bienestar momentáneo”.
Reeducar a nuestro sistema de recompensas es un trabajo de no negociación. Es decir, deja de
negociar con tu mente. Si te propusiste algo en específico, evita entrar en una conversación
argumentativa con tu mente, porque te prometo que perderás. Si la alarma suena, levántate. No
luches contra tu mente, solo busca crear nuevos canales neuronales a través de la repetición
placentera de aquello que te llevará a tener en unos meses o capaz en unos años, la vida que
deseas, el cuerpo que anhelas, la familia que siempre quisiste. Si cada día te comprometes
contigo a transformar una rutina dañina en un hábito saludable, será cuestión de tiempo hasta que
descubras que tu hoy es ese sueño que tuviste una vez.
Abrazos psicológicos.
Psic. Haytza Mendoza
IG @soyhaytzamendoza

Excelente artículo. Un aporte que nos ayuda a esclarecer muchas conductas que tenemos. ¡Gracias!